Por no ser alguien puntual

Reflexión sobre el paso del tiempo y el reloj. Conversaciones entre amigos y la novia sobre el tiempo.

Me gustan las personas puntuales de cabo a rabo, sin ningún matiz que pueda contradecirme. No desecho a ninguna, ni siquiera a aquellas que mandan mensajes cinco minutos antes para recordarme la hora exacta del encuentro. Todos los humanos que mantienen la palabra con un reloj en la mano son capaces de llevarme a un altar. Mucha gente ha vivido en primera persona cómo me cambia el rostro si me dejan esperando dos milésimas más, y que conste que yo no soy de mentir. Os puedo asegurar que el paso del tiempo pasa factura para todos. Algún que otro cabreo le apodaron «de cojones». Es el pack que adjuntaron nada más nacer, pero he de reconocer que ser puntual no es algo malo, salvo que en una charla entre adolescentes aquello acabe con un final de diálogo inesperado:

— Por no ser puntual a mi hermano le votaron y no tuvo más remedio que ser el presidente de la finca.

— A mi novia por no ser puntual se le olvidó pasar la itv y le multaron.

— Jeje. Mi padre una vez esperó más de cuatro horas en urgencias por haber perdido la vez, y estuvo a punto de perder el ojo derecho.

Parece que estos dos sujetos de metro y medio no tienen ganas de sonreír, así que la cosa se fue complicando poco a poco hasta que uno de los dos dio por finalizada la sesión.

— Mi abuela le pegó dos bofetadas a mi madre porque llegó tarde una noche que salió de fiesta.

— Una vez escuché a mi padre recriminarle a mi madre que yo estoy vivo porque no pudieron comprar condones la tarde del 12 de agosto. Dijo que estaba ya cerrada la farmacia.

— Mi prima murió mientras los médicos le hacían el masaje cardíaco. Nadie tenía móvil en aquellos años para llamar al 112.

— A mi abuelo le pegaron un tiro en la nuca después de que eligieran quien se iba a la guerra. Pinto, pinto gorgorito.

Escrito y reflexión sobre el tiempo que tardaban en disparar en el oeste. Redacción sobre el tiempo.

Después de todo que no llegues a tiempo a mi cita no supone un gran fiasco, porque me permito la opción de sacar el teléfono y anotar ideas para futuros escritos. Si he pedido un café, ¿quien dice que no me abrasaré la lengua si lo tomo recién salido de la cafetera? Tampoco hay que agonizar con tener los relojes sincronizados con el reloj atómico. Se nos puede escapar a lo sumo el nacimiento de nuestro bebé, un «sí quiero» en plena boda, el polémico final de Juego de Tronos a tiempo real. Yo que sé, suelo responder con tono gamberro:

— ¿Creéis que en una isla desierta me llevaría un reloj, para qué? A lo sumo te llevaría a ti y follaríamos hasta tachar todas las posturas del kamasutra.

— ¿Y si se nos olvida tener sexo? —dice ella.

— Podría fabricar uno de arena. —le contesto.

— Mejor uno solar. Solo te hace falta cortar una rama y clavarla en el suelo. Además, con él no tienes que estar pendiente de darle la vuelta y me vendría genial para saber cuánto tiempo tengo que estar tomando el sol. —continua con firmeza— y para saber cuántos días faltan para celebrar los cumpleaños.

Escrito de opinión corto de una pareja que tarda tiempo para besarse por primera vez. Redacción sobre el tiempo.

En mi niñez soñaba con disponer de un reloj elegante para gastar a diario, pero papá nunca llegaba a tiempo para regalármelo ni para jugar conmigo, las preocupaciones se le amontonaban, y yo gracias a él pude comer todos los días puntualmente. Siempre que pueda él llevará en la muñeca el clásico modelo «Casio» que todos hemos tenido alguna vez (los no tan niños).

Un día asistí a un concierto de rock duro en un festival que hacían en un pueblo de pocos habitantes, y bien entrada la madrugada (sobre las 4:00 am) el batería de uno de los grupos le tiró una baqueta a la al bajista. Pobre agujero en la cabeza. Meses más tarde tuve la oportunidad de conocerlos y me dijeron que la borrachera provocaba que no fueran a tiempo en ninguna de las canciones.

— Que no es para tanto! — dije alzando la copa a modo de reconciliación.

Ya lo creo que no lo es. No debemos de tomarnos el tiempo tan a pecho o terminaremos por cambiar la pirámide de Maslow y poner «tener el cronómetro en hora» en el segundo peldaño.

Cada día intentamos vivir más deprisa pero sin llevarnos ninguno de los trocitos al paladar, así que solamente nos acordamos del segundero cuando no llegamos a tiempo para saborear nuestros hobbies, esos placeres diminutos que nos ayudan a olvidar el mal trago de tener que ir a trabajar, pero aquello de mete un berrinche si llegamos tarde a una cita… eso ya no importa.

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6 comentarios sobre «Por no ser alguien puntual»

  1. Hola, me encanta tu blog.
    Un gran saludo, ¡Nos seguimos leyendo!

    1. admin

      Agradezco tu paso por mi blog. Por supuesto que nos leeremos. Un saludo Jessi!!!

  2. Siempre fui la primera en llegar.
    Puntual por naturaleza porque era muy perfeccionista, con la edad muy perdiendo esa virtud cansada de siempre ser la que esperaba, y ahora vivo más relajada y hago todo lo posible por no ser la última que llega al lugar.
    Gracias a; ¨He salido más tarde de casa¨, también he evitado muchas desgracias que si hubiera llegado a tiempo. 🙂

    1. admin

      Que gran sorpresa el verte por este pequeño lugar. Ser puntual acarrea muchas cosas que deben ser descubiertas por uno mismo, pero sin duda me quedo con la que no me ponga de mala leche jejejej. Muchos balazos (besos) y me ha encantado ver tu nombre en mis notificaciones.

  3. Lamento no haber sido puntual el día que publicaste esta entrada tan genial y recién hoy leerla. Abrazote.

    1. Hugo (Escribo a Balazos)

      Nunca es tarde para mí, ya que agradezco como oro en paño que te hayas pasado a leer mi mundito tan despeinado y prudente a la vez. Estoy disfrutando de tu blog ahora mismo. Un besazo Marta y gracias.

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